Una vez, había guardado en lo más recóndito y escondido de un trastero, un árbol de navidad guardado en una caja gris. Allí estaba doblado y lleno de polvo junto a una caja donde se guardaban algunos adornos para colgar en ese árbol.
Un día, un pequeño roedor que pasaba por allí, escuchó algún lamento. “Ohhh”, “Ahhh”.
- “¿Qué será eso?, ¿Quién está hablando?” Pensaba el animalito.
- “¿Quién hay ahí?” Preguntaba el ratoncito mientras olismeaba todos los cachivaches del trastero.
- “¡Estoy aquí! ¡Estoy en la caja del final del pasillo! ¡La caja gris!”
- Y el ratoncito, haciendo caso a su curiosidad, se acercó para ver qué había allí dentro de la caja gris.
- “¡Hola!, ¿hay alguien aquí?”
- “Hola, Ohhhh” respondía aquello que había en la caja.
- “¿Qué necesitas?, No sé si te puedo ayudar porque no llego a verte. Yo suelo moverme de un lado a otro y fisgoneo en todo cuanto encuentro por mi camino. No sé qué puedo hacer por ti. Además, estás lleno de telarañas y de polvo…. Uffff“. Decía el ratoncito con cara de desagrado.
- “Me alegro mucho de ver a alguien por este lugar. Llevo aquí guardado 15 años sin moverme y quien habita este lugar, mira la caja con desprecio. Nunca puedo salir a repartir mi luz junto a los adornos que aguardan en la caja blanca de al lado. Me entristece no poder lucirme durante las navidades y servir de superficie cuando vienen los Reyes Magos a entregar los juguetes a los niños.” Soslayaba el árbol de navidad.
- “Oh, que triste eso que cuentas caja gris”. Respondía el pequeño roedor. “Me entristece mucho que aguardes con paciencia durante todo este tiempo el poder salir de nuevo y adornar el salón de aquellas personas que habitan en esta casa. ¿Y antes de ese tiempo sí podías salir?» Decía intrigado el ratoncillo.
- “Sí, antes sí podía salir porque habitaban dos niños que, con el paso del tiempo, se hicieron mayores y pensaron que la navidad era una tontería. Actualmente, viven aquí dos personas mayores que prácticamente están solas y esos niños que antes sí reían cuando me adornaban, ya no vienen y no celebran las fiestas”. Contaba el árbol.
- “Oh, vaya pena”. Contestaba el roedor. “¿Qué crees que podría haber pasado?”
- “Pues en realidad, yo llevo en esta casa 20 años junto a los adornos de la caja blanca. Algunos de ellos se retiraron y otros vinieron de nuevo. Desde el principio, nosotros disfrutábamos con los niños y sus padres mientras nos colocaban en todos los meses de diciembre. De repente, los niños se hicieron mayores y su ilusión por colocarnos en la casa, fue bajando. Un año, dijeron que estaban tristes por un problema que surgió en su familia paterna y no les apetecía celebrar la navidad. No me pusieron en ningún lugar y me dejaron aquí guardado. Después de ese año, fueron creciendo y pensaron que no valdría la pena el trabajo y el esfuerzo de adornar la casa en esas fechas. Poco más tarde, comentaban que no celebrarían las navidades porque eran días normales y no valdría la pena.
Hacían alusión al gasto excesivo de regalos, comidas, y algo que me llamó la atención, es que se quejaban de que no veían a algunos amigos y familiares en todo el año, y sólo se veían en navidad. No querían reunirse con su familia porque habían discutido y no veían el momento de reconciliarse. Incluso, no querían recibir a amigos, porque decían que no les visitaban nunca y no querían hacerlo en los días navideños…” relataba la caja gris del árbol navideño.
- “¡Oh! que triste eso que cuentas”. Comentaba el ratoncito. “¿Sabes una cosa? Yo no llego a entender a los seres humanos. Dicen que buscan la felicidad y que desean el bien de los demás y luego, se quejan cuando hay una oportunidad al año para poder reencontrarse con su familia. Algunos, se enfadan cuando llegan esas fechas y dicen que quieren que pase muy rápido. Otros, niegan ver a los amigos que no ven desde hace mucho tiempo. ¡de verdad, no los entiendo!”
- “¡Sí, así es ratoncito! Yo tampoco los entiendo porque dicen que gastan mucho dinero en regalos, cuando lo fundamental es seguir reuniéndose al menos una vez al año y repartirse las sonrisas, los buenos deseos, contarse aventuras, y reírse juntos. No entienden que, al igual que ellos, tal vez sus amigos y sus familiares, tuvieron responsabilidades que les impedían estar en el momento en el que fueron requeridos. ¡no porque no quisieran! No entienden que, si les apetece hacer un regalo como gesto de gratitud, hace que muchas personas puedan trabajar en esa época y que puedan ganar un sustento beneficioso para que puedan lograr su sueño. En el fondo, no entienden que la navidad es una oportunidad de poder agradecer a todas las personas que aportaron algo a sus vidas, ya sean personas cercanas, familiares o conocidos. Es más, no se dan cuenta de que tal vez sea la última vez que puedan ver a sus familias, amigos y compañeros…”
- “¿Se te ocurre algo que podríamos hacer para que estos viejitos puedan disfrutar tal vez de su última navidad juntos?” preguntó el pequeño roedor.
- “Mmmmmm, ¡ya lo tengo! Hay una foto en el salón donde se encuentran los 4 miembros de la familia en la mesa de nochebuena hace 15 años. Ve y tírala en un momento cuando nadie te vea”. Dijo el árbol.
Y el ratoncillo le hizo caso. Al día siguiente, cuando la señora se levantó, fue al salón a tomar su café diario, y se dio cuenta de que la foto que adornaba la tercera balda de la estantería del mueble, se había caído. Echaba de menos esa foto que se hizo junto a sus niños un día de navidad, cuando sus hijos tenían apenas 14 y 12 años. Esa foto reflejaba la felicidad hecha realidad. La sonrisa de los niños iluminaba toda la foto, y de fondo… ¡el árbol de navidad con todos los ornamentos que se encontraban en la caja blanca del almacén!
Al coger la foto, la mujer se acordó de que pronto llegaría la navidad y añoraba esas reuniones con sus hijos, las prisas con las comidas, las visitas de sus familiares, los amigos de sus hijos corriendo por el pasillo de la casa…
- “¿Y si volviésemos a celebrar la navidad?” pensó la señora que ya poseía el pelo prácticamente blanco. “¿y si volviésemos a reunir a los niños de nuevo para cenar en nochebuena, tomar las uvas en nochevieja y comer el roscón de reyes el día 5 de enero?” “El tiempo pasa…. Y tal vez sea nuestra última navidad con ellos…” Y de esa manera, como imaginando algo, la sonrisa de la señora se dibujó con un gran destello de luz en sus ojos.
Al cabo de unos días, allá por el día 2 de diciembre, la puerta del trastero se abrió y la señora de pelo canoso se dirigió al fondo del desván. Con una mirada fija hacia aquella caja gris que ya llevaba 15 años en aquel rincón, quitó el polvo que le cubría, las telarañas de las esquinas y procedió a cogerlo y sacarlo de allí.
El árbol, enseguida se puso en pie, y mirando a la señora de manera expectante, comenzó a silbar al ratoncillo “fiuuuu, fiuuuu” y el roedor apareció enseguida.
- “¿Qué ocurre? No puedo salir a verte porque la señora me verá y querrá llevarme de aquí” murmuraba el ratón.
- “Ocurre, que ¡nuestra estrategia funcionó! Un día después de que tú tiraras la foto que te dije, la señora vino para ver si yo estaba aquí junto a la caja blanca con los adornos; justo en el mismo lugar donde nos dejaron años atrás. Y hoy, ha venido susurrando que me sacará para adornar la casa porque tal vez esta navidad sería la última en la que podría disfrutar de sus familiares, amigos y compañeros. Dijo que nos utilizaría para dar luz, alegría y color a la navidad de este año. También comentó que me aprovecharía para colgar una tarjeta personalizada y expresar el amor que siente por todos ellos y que nunca les dijo ¿puede haber algo más emocionante?” Dijo el arbolito.
- “¡Ohhh, pero eso es fantástico!” Dijo el ratoncito. “Me alegra mucho saber que nuestro trabajo tuvo ese resultado tan entrañable.” “Disfruta mucho esta temporada en la que estés dando tu luz a la familia, de vez en cuando iré a visitaros y disfrutar de la luminosidad de los adornos, de los jóvenes, de los ancianos y de todas las personas que visiten el lugar ¡Hasta pronto amigo!”
Y así, se despidió el ratoncillo de su viejo amigo.
Durante los días siguientes, el pequeño roedor se paseaba por el salón de la casa para ver a su amigo, el árbol, y sonreír cuando todas sus luces encendían los ojos de los habitantes de la casa.
Desde entonces, todos los años el árbol sale al salón de la casa a iluminar a los asistentes a la casa. ¡Porque nunca se sabe cuándo será la última navidad que pasen junto a sus familiares, amigos y conocidos!
APROVECHA LA NAVIDAD PARA AGRADECER A TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE APORTARON A TU VIDA.
¡NUNCA SABES CUÁNDO SERÁ LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD DE HACERLO!
¡FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO NUEVO!
QUE ESTA NAVIDAD ESTÉ LLENA DE AMOR Y GRATITUD.
Ana María Jiménez Molina